Lo del mundial para las girls

A mí no me gusta el fútbol ni tengo especial interés en entender qué es un fuera de juego, pero sí me interesan las redes sociales. Y tenemos nueva polémica.

Una chica (a la que sigo desde hace poco) publicó una campaña ficticia para el Mundial de Fútbol. Por lo que he visto en su cuenta, suele crear propuestas creativas y ejercicios de marketing. Creo que estudia marketing y trabaja como becaria o como junior en una agencia.

La campaña intentaba trasladar el mundo del fútbol a una estética más femenina o girly para atraer a chicas que no siguen este deporte. Para ello utilizaba como reclamo el podcast de La Pija y la Quinqui, aunque ellas no tenían absolutamente nada que ver con la propuesta. Recordemos que era una campaña ficticia.

El problema estaba en el concepto: ese “El Mundial para las girls” transmitía la idea de que a las mujeres hay que explicarnos el fútbol a través de elementos considerados femeninos, como el salseo, la moda o las parejas de los futbolistas.

Y ahí está el error.

No porque haya que hablar de fútbol de una manera concreta, sino porque parte de la premisa de que las mujeres que no siguen este deporte necesitan una traducción a un lenguaje girly para entenderlo. Como si no fuésemos perfectamente capaces de comprender las cosas cuando se nos explican con normalidad. Aunque no fuese esa la intención, el mensaje acaba reforzando el estereotipo de las chicas somos tontas.

Precisamente a esto se refería Anne Hathaway cuando hablaba hace unos meses de que no tiene nada de adorable no saber gestionar tus finanzas. Explicaba cómo durante décadas se asumió que la economía era asunto del hombre de la casa y que muchas mujeres aceptaban un papel secundario que incluso llegaba a considerarse atractivo.

Esta chica no es la primera que cae en este error: como escribe Phoebe Green en su Substack, marcas como Axspen han hecho publicaciones parecidas.

Esta polémica permite reflexionar sobre los estereotipos que siguen pesando sobre las mujeres y sobre cómo, en algunos ámbitos, parece que estamos regresando a modelos de feminidad bastante anticuados. Ahí están fenómenos como las trad wives, que han vuelto a poner sobre la mesa ciertos discursos que creíamos superados.

Lo que ya no me parece tan interesante es el bullying.

Mariang respondió en un vídeo rechazando la propuesta, aclarando que no tenía ninguna relación con ella y siendo clara dijo que le parecía una idea de mierda. Personalmente, no me pareció una respuesta fuera de tono. Sin embargo, la chica se ha mostrado molesta por los ataques recibidos y considera que algunas de las críticas han sido poco feministas.

No sé si estoy de acuerdo con eso. Creo que esa crítica debería dirigirse más bien a quienes han aprovechado la situación para insultarla, ridiculizarla o convertirla en el objetivo de un linchamiento. Y, en ese sentido, sí creo que se están pasando.

Porque, sinceramente, estamos hablando de una idea desafortunada que probablemente se ha hecho viral precisamente gracias al hate. No estamos ante una gran campaña institucional ni ante una influencer con millones de seguidores. Estamos hablando de una persona que está empezando en marketing.

Se podría haber criticado el tema sin necesidad de insultarla, decirle que se busque un trabajo de verdad o exigirle que “pague las consecuencias”. ¿Cómo, exactamente? ¿Le borramos las redes sociales para siempre? ¿Nadie tiene derecho a equivocarse, primer error y te desterramos digitalmente? ¿Que no la vuelva a contratar nadie nunca? No entiendo qué se busca con este linchamiento público, más allá de sentirse superior y decir “yo no hubiese hecho esto”.

La idea me parece mala. Creo que perpetúa estereotipos dañinos, infantiliza a las mujeres y merece ser cuestionada. Pero una cosa es criticar una idea y otra muy distinta convertir a una persona en una diana pública. No hace falta perseguir a la autora, republicar constantemente un vídeo que ya ha borrado o difundir su usuario para asegurarse de que reciba todavía más ataques.

Porque, al final, estamos exigiendo más explicaciones a una chica de Instagram que a empresas, agencias y figuras públicas que han impulsado campañas realmente machistas, irresponsables o perjudiciales.

Hemos visto campañas de marketing mucho más graves. Hemos visto agencias salpicadas por denuncias de acoso laboral y sexual. Y, aun así, muchas de ellas han seguido recibiendo premios, clientes y reconocimiento. Algunas incluso han seguido colaborando con creadores de contenido que hoy se escandalizarían por “El Mundial para las girls”.

Reflexionad todo lo que queráis sobre la propuesta, pero tengo la sensación de que estamos poniendo las miras en el peón, en vez de en la reina.

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